miércoles 2 de enero de 2008

Las 10 de la tarde

Hoy en el trabajo había un tema de conversación que monopolizaba los comentarios. No era el calor que está azotando Buenos Aires, ni era el aumento en las tarifas de los transportes, ni las fiestas de Año Nuevo. No no, él tema que uno no podía dejar de mencionar si se preciaba de ser argentino no era otro que el cambio de horario.
Cuando empezaron a decir que había que adelantar los relojes una hora no me pareció gran cosa. No me afectó en lo más mínimo para dormir, como le pasó a algunos que parecía que se estaban muriendo porque habían dormido una hora menos, ni tuve ningún trastorno ajustando los relojes, ni nada de nada.
La cosa sí se puso fea cuando el domingo, faltando unos minutos para las 21 hs., era todavía de día y yo ya tenía ganas de ir preparando la cena. Ahí fue cuando empezé a darme cuenta de que la cosa no iba a funcionar.
¡Que estupidez! Nosotros ya veníamos con una hora adelantada de alguna vez que la modificaron y que después fue como que se olvidaron que había que volver para atrás, y ahora, encima la adelantamos otra vez. En la tele mostraban que en sur, cerca de la cordillera, a las 22 hs. todavía hay sol!!
Es una locura.
Y bueh, experiencias que solo se viven en Argentina gente.